21 de Noviembre de 2008 — Tenis

Argentina-España, duelo fratricida por la Copa Davis. Quizá sea esta la más importante para España. Sería ganarla sin Rafa Nadal… al menos en la final. No hay dos sin tres, pero no forzosamente tiene que llegar la tercera en esta ocasión. Las casas de apuestas pagan la victoria española 4 a 1, mientras que sólo devuelven 1,22 euros por cada uno apostado. De poco sirve que Ferrer dijera hace un rato que de diez enfrentamientos, en estas condiciones, Argentina ganaría seis o siete. En el momento en el que se dispute el primer punto, no servirá de nada.
Es el último esfuerzo del año, justo donde se pone de manifiesto quién ha guardado un mínimo de energía y quien ha derrochado su físico. David Ferrer lleva 44-22 y David Nalbandian 43-16. Son los que más han jugado, aunque el físico juega a favor del español, a pesar de sus tres últimos meses nefastos. El argentino de Córdoba es más ciclotímico. Lo mismo te gana en el mismo torneo a los tres primeros del mundo que encaja dos roscos con el número 100. El hipotético número uno español y el ya confirmado como número dos argentino no han escatimado esfuerzos a lo largo de una campaña que les ha reportado como premio los títulos de Valencia y Hertogenbosch al primero, y de Buenos Aires y Estocolmo al segundo.
Juan Martín del Potro ha ido de menos a más, lo que le ha llevado a Shangai. Ha jugado 58 partidos, y los problemas físicos acechan al de Tandil. En la recta final ganó Stuttgart, Kitzbuhel, Los Ángeles y Washington, cuatro de los diecinueve en los que ha participado. Sin embargo, estuvo a punto de perderse la Copa Masters debido a un doloroso uñero en el pie. Para colmo de males se mordió la lengua a lo bestia entrenando ayer y jugará infiltrado.
Y ahora no vale de nada que Ferrer tenga tomada la medida a David Nalbandian (6-3 en su head to head). Esto es la Copa Davis, habrá 12.000 hinchas ‘puteando’ todo lo posible a los españoles y no será fácil abstraerse de las provocaciones, mal que nos pese, que seguro habrá.
Yo también confiría, al igual que Emilio Sánchez-Vicario, en Feliciano. Este año tiene un 26-26, pero está en mejor forma, saca mejor y quizá tenga más opciones que Verdasco. Igual Emilio, loco por dejar la capitanía de la Davis, también se haya dejado influir por el hecho de que Fernando sea más afín al presidente de la Feeración Española, que el toledano. En cualquier caso, apuesta valiente, siempre que no se tira de ranking. Le da igual que le crujan (critiquen) si Feli palma, porque Albert Costa ya sabe que será el próximo capitán pase lo que pase. En todo caso, López deberá superar su imagen de jugador irregular con un parcial de cinco partidos ganados y nueve perdidos en Copa Davis (2-4 en individuales) y sus números adversos ante Nalbandian (2-0) y Del Potro (2-1).
Bueno, alea jacta est… que dios reparta suerte… ¡y al toro!
19 de Noviembre de 2008 — "Fúrgol"

Hasta la bola. Ramón Calderón, a la sazón presidente del Real Madrid, se ha descolgado con un furibundo e inexplicable ataque a Florentino Pérez, sin venir a cuento, que cualquiera diría que se ha vuelto loco. Por cierto que la foto de nuestros compañeros de El Mundo es genial… me ha recordado a Jack Nicholson en El Resplandor… ¡enhorabuena!
Está claro que si hay que meterse en un charco, o lo haces hasta el fondo o no lo haces, y fiel a esta política, Ramón Calderón, sin ser preguntado por ello, sin que nadie pensara en la foto de marras de Florentino Pérez con Ronaldo y Zidane en Fez, sin absolutamente nada que ver, el tipo, en la junta directiva del de ACS en su mandato, cargó con todo contra el ex presidente. Sin palabras.
Y claro, en un momento en el que hay “minicrisis”, según el eufemismo empleado por Calderón, Schuster pende de un hilo, Mijatovic da una rueda de prensa para ponerse en ridículo, el Madrid no da una a derechas desde hace casi un mes, y se busca un ‘9′ con desesperación… pues hasta el más tonto se da cuenta que no es el momento de esta huida hacia adelante tan absurda. Puestos a buscar una cortina de humo… jolín, busca algo que no te salpique, hombre de dios… que parece que tu coeficiente mental no llega a dos cifras.
Pero lo que ya hace que las carcajadas pongan en peligro la rotura del diafragma, por aquéllo de las convulsiones, es cuando sin decir nombres, menciona a Cassano como el tipo que se llevó cuatro mil millones del Real Madrid y su venida a España para ‘fomentar la nataldad y reactivar la prostitución’. Está claro que el mal denominado ‘talentino’ vino a España a vivir un retiro dorado, a befenificiarse a toda la que pasaba, y a procurarse un ‘dolce far niente’ mientras su cuenta bancaria engordaba al mismo ritmo que su barriga… o casi. Pero bueno, que estuvo sembrado Calderón. Ojalá tenga más arranques y más momentos como estos, porque es que es gracioso, gracioso. Vamos, que deja a la altura de betún a cuando se comió con patatas la broma de un humorista italiano haciéndose pasar por Nicolas Cage. Bochornoso y vergonzante.
Calderón se ha hecho ‘caquita’. El equipo no va, le crecen los enanos, y ve fantasmas por todas partes. Que igual Florentino se vuelve a presentar a las elecciones del Madrid, que no digo que no… pero si fuera inteligente, Calderón no habría despotricado sin ningún motivo… y es que Florentino, cuando se hizo la foto con sus cracks galactico-mediáticos, rechazó hacer declaraciones, pues estaba en visita privada, lejos de darse autobombo o postularse con su época de bonanza económica y grandes fichajes… porque para uno que se autoimpone el pelo plateado de ojos cristalinos… ‘le cubre de gloria’. Y es que presidir a un Madrid al que le digan que no… duele.
17 de Noviembre de 2008 — "Fúrgol"

Una pena no haber apostado la semana pasada: a Schuster no lo salva nadie. Si come el turrón lo hará en su casa, o en Alemania, con la familia. En el paro. Dorado retiro. La derrota en Valladolid ha abierto la veda. El Real Madrid no sólo busca un sustituto a Van Nistelrooy. También busca entrenador.
Ni fútbol, ni actitud. Imagen lamentable, nula motivación, sin ambición, sin ganas, sin juego… una caricatura de Real Madrid. El Valladolid, haciendo lo justo, un equipo trabajado diligentemente por Mendilibar, obrero de los banquillos con mil batallas a sus espaldas, logró el merecido premio de una victoria ejemplar. Para unos y para otros. Los hombres pueden a los nombres. Punto.
El Madrid es un sinsentido, un cúmulo de despropósitos, un caos, una nave a la deriva en la que el capitán no sabe interpretar una brújula en medio de la tempestad más absoluta. En medio, mientras el asesor del presidente, Miguel Ángel Portugal, propone el fichaje de Milito por diez millones de euros, el director deportivo, Pedja Mijatovic, dice que no. Lo que propone el exjugador blanco, lo torpedea con sus comentarios a la oreja de Calderón el propio Portugal. Dos figuras que sobran claramente. ¿No sería mejor preguntar al entrenador lo que quiere?
En el proceloso mar de la liga española la nave va a pique. Eliminados de la Copa, con una preparación física deficiente, una penosa, si existe, política de fichajes y unos servicios médicos externalizados, para hacer caja, en los que no confían los jugadores, configuran un escenario digno de una película de los hermanos Marx. Y mientras, el Barça, viento en popa a toda vela, jugando de pizarra y sorteando las borrascas en forma de multa por retrasos en los entrenamientos a golpe de gol.
En fin. Un despiporre. Mientras Juande Ramos ya parece estar atado por el Atlético de Madrid esperando el desfallecimiento de Aguirre, el Real Madrid, con su bicefalia de estandarte, ya empieza a buscar técnicos. Que aparezcan publicados los nombres, es cuestión de horas. ¿Por quién apostarías?
14 de Noviembre de 2008 — "Fúrgol"

Y ahora se lesiona Van Nistelrooy. Todas las alarmas encendidas en el Real Madrid. A pesar de que Higuain y Raúl vean puerta con facilidad: la temporada es larga… y aquí todo se hace deprisa y corriendo.
El ligamento cruzado y el cartílago de su rodilla derecha han petado del todo. Me acuerdo hace siete años, cuando el Atlético de Madrid descartó su fichaje. El Manchester United arriesgó y procedente del PSV vivió unas pocas temporadas de gloria. El Madrid arriesgó. Lo que no apostó por Gaby Milito lo puso sobre la mesa con Van Nistelrooy. La verdad, no sabría decir si el precio fue muy alto o no, porque hasta ahora, ‘Van Gol’ ha sido un ariete que ha demostrado tener la pólvora ‘muy bien puesta’.
La verdad es que no es el momento para que crezcan los enanos en el circo blanco. Schuster no pasa por su mejor momento y casi tres horas de parlamento con la plantilla no parece haber arreglado demasiadas cosas, mientras Calderón ha llamado a consultas ya a su embajador Raúl para saber cómo está el patio de primera mano.
Es la imagen, la que sale perjudicada, porque los resultados están ahí: Sólo se está a un punto del Barcelona, pero claro, mientras los de Guardiola se pegan festín tras festín, el Bernabéu está acostumbrado a mirar el reloj cada poco en los últimos minutos de partido. Y eso no es bueno.
Ahora, deprisa y corriendo, improvisando, como suele ser habitual en la ‘casa blanca’, se busca recambio. Schuster tiene la excusa perfecta ante los malos resultados. En pretemporada pidió fichajes por activa y por pasiva y tras el formidable ruido formado por Cristiano Ronaldo la única nuez que cayó fue Van der Vaart, insuficiente a todas luces. El alemán tiene las espaldas cubiertas, aunque eso no vale de mucho cuando estás sentado cada domingo en un banquillo que quema como el que más.
Ahora, deprisa y corriendo, salen nombres a la palestra. Hernán Crespo, Diego Milito, el sempiterno Benzemá… incluso el holandés Huntellar. Sea lo que sea, a destiempo. Milito, por aquéllo de más vale malo conocido, es el que más me gusta… de los disponibles… porque sólo una cantidad terrible de millones podría convencer a los dirigentes del Lyon para soltar al francés. En fin… como decía mi madre… ‘tarde, mal y nunca’.
12 de Noviembre de 2008 — "Fúrgol"

La receta es sencilla. Una pizca de orden, cuarto y mitad de ilusión, un buen chorro de motivación y correr hasta que el corazón estalle en el pecho. Con estos condimentos el Real Unión de Irún eliminó al todopoderoso Real Madrid de la Copa del Rey, una maldición copera que dura ya 17 años para los blancos y que pone contra las cuerdas a Bern Schuster. Dos millones pueden más que 350. Ver para creer.
La verdad, es que en cuanto acabe este post voy a mirar en alguna casa de apuestas a ver cómo se paga la destitución de Bern Schuster antes de final de año. Será complicado que el alemán se coma el turrón… aunque sea del blando y caducado.
La motivación es principal para encarar este tipo de partidos, y es lógico entender que un jugador ponga un plus físico en el campo cuando enfrente está la Juve o el Barça, que cuando es un Segunda B. Y eso se paga. Una pena, porque el Real Madrid podría haber salido a flote con la cabeza bien alta cuando peor le vienen las cosas. La lesión de Van Nistelrooy auguraba problemas de cara a puerta y un día Higuaín se destaca con cuatro chicharros y ayer Raúl colocó un hat trick. Pero no valió de nada. La tradición se vuelve a cumplir y la Copa siempre es una sorpresa, aunque sea a doble partido.
El carácter desafiante y prepotente de Schuster, unido a su omnipresente y sempiterna cara de pocos amigos, no ayuda a ganar amigos a nadie para la causa. Ya hay voces que se elevan en distintos medios hablando de próxima destitución, pero el próximo partido será clave, y también el siguiente traspiés. Yo, por ahora, no veo un despido fulminante. Antes tiene que salir Calderón a la palestra y cumplir la tradición de refrendar en el banquillo al germano, y decir por activa y por pasiva que no hay ninguna alternativa en mente, que acabará la temporada. Entonces me preocuparé.
Pero lo que está claro es que la imagen de desgana que dio el Madrid ante un Bernabéu casi lleno para un partido en teoría intrascendente no es de recibo. El dinero que cobran los jugadores, las cifras millonarias, valen tanto para finales como para partidos que se deben superar con compromiso y sacrificio. Y con los bolsillos llenos es difícil motivarse, la verdad. Y lo peor de todo es que volverá a pasar. Se repetirá la historia, y el pez pequeño se volverá a comer al grande… afortunadamente para el fútbol.
11 de Noviembre de 2008 — Tenis

Tras la renuncia de Rafa Nadal, obligada por su tendinitis en la rodilla derecha, a jugar la final de la Copa Davis, ni la épica puede salvar al equipo español. Emilio Sánchez Vicario y el resto de tenistas nacionales debe mostrar que hay vida más allá de Rafa Nadal.
Y no es que necesitemos un milagro… ¡es que necesitamos tres! Si antes sólo había que ganar un partido de tres (contábamos con los dos de Rafa), ahora el triplete de acciones divinas se antoja mucho más difícil si cabe. La papeleta de Emilio es monumental más aún por su falta de previsión. Tommy Robredo puso punto y final a su temporada y no se calza unas zapatillas desde hace casi dos semanas. Juan Carlos Ferrero se ha ido de vacaciones lo más lejos que ha podido de la raqueta, y está en alguna playa de Brasil disfrutando todo lo que puede. Así las cosas, Ferrer, Feliciano, Verdasco y el desaparecido este final de temporada Almagro, por ránking, deben ser los que soporten el chaparrón. Carlos Moyà está igual o peor que Ferrero, pensando en la buena vida, y Emilio no se va a atrever a llamar a Marcel Granollers, que ha terminado la temporada bastante aceptablemente…
Y es que la encerrona en Mar de Plata tiene pinta de saldarse con un 5-0. En contra, claro. Uno, que ha visto un poco de tenis en los últimos años, tendría muchos problemas para elegir los jugadores que se midan a Del Potro y a Nalbandian en los individuales. La moneda al aire incluso parece la opción menos mala. Del Potro (8) y Nalbandián (11), tienen mejor ránking que cualquiera de los españoles. Ferrer cayó al 12 después de no dar una a derechas, salvo contra Roddick en semis de la Davis, desde el Open USA. Verdasco está dignamente instalado en el 16. Almagro ha reculado tras su lesión al 19, y Feliciano está en el 31 tras un final elogiable en pista cubierta. Ferrero ya anda perdido por el 55, después de la desilusión de no ser invitado al Masters Series de Madrid.
Si vamos al ‘head to head’ de los españoles con los dos argentinos… las noticias no son nada halagüeñas. Ferrer es el único con balance positivo, 6-3 con David y 2-1 con Juan Martín, pero ahora mismo tendría problemas para mantener un peloteo con el 100 del mundo. Necesita olvidarse del tenis por una temporada y su estado anímico no es el más apropiado para meterse en una jaula con más de 10.000 argentinos rugiendo pidiendo tira de asado de Jávea a la parrilla. Al segundo punto puede tirar el partido y pensar ya en la ducha. Almagro y Verasco tampoco lo tienen mal. Aún no se han medido con Del Potro, y con Nalbandian están 2-1 el murciano y 1-0 el madrileño. Tengo debilidad por Nico, pero no estará en forma por mucho que se empeñe. El madrileño, en cambio, ha hecho un buen final de temporada, y me da que debería ser un fijo. Casi lo mismo pienso de Feliciano, ese ‘toledano madridista’ que diría un viejo conocido mío, ¡un saludo Voro! Feli ha caído las dos veces que ha jugado con Nalbandian y otras dos con Del Potro, aunque a éste le ha ganado una vez. En pista rápida, a cubierto, y a nivel del mar, López puede ser una opción con su juego de saque y volea.
Así es el destino, jugar la final de la Copa Davis con el equipo de dobles en individuales. Casi es lo mejor que puede hacer Sánchez Vicario. O perder un par de docenas de horas mentalizando a Ferrer y rezar para que sea el que jugó ante Roddick en la plaza de toros de Madrid, donde se fue del partido un par de veces pero gracias al público logró volver. Lo que pasa es que esta vez la grada, precisamente, no es que vaya a ayudar.
O sea, que ha llegado el momento de la verdad para Feli y para Verdasco, amigos dentro y fuera de la pista. Está muy bien vivir a la sombra de Rafa, pero el árbol que más sombra arroja no estará en Argentina del 21 al 23 de noviembre. Ha llegado la hora para los secundarios españoles. Todos los focos están centrados en ellos. La plaqueta va a sonar, el director ya dijo lo de ‘luces, cámara…’ veremos si cuando suene el ¡’acción!’ no se hacen pequeños y soportan el rol de protagonista principal de una película, cuyo guión está en sus raquetas. Huele a tragedia, pero no nos importaría ver una de aventuras épicas.
7 de Noviembre de 2008 — Fórmula 1

Llegó a eso de la una del mediodía. Casi media hora antes de lo previsto. Si lo piensas un segundo, tiene su lógica. Es piloto de Fórmula 1. Y no venía, precisamente, de la fiesta de celebración del Mundial de Hamilton. Barba de un puñado de días, gesto taciturno, cabellos desordenados, no sabría decir si peinado estudiado o natural, ojos de haberse levantado hace cinco minutos y una sonrisa ausente que sólo afloraría más tarde, no el fotocall con los afortunados ganadores de un curso de conducción con el “meteorito asturiano” organizado por Renault, sino cuando se puso al volante de uno de los nuevos Mégane Coupé. Este chico sólo es feliz con un volante en la mano atado a cuatro ruedas. El resto le resulta tedioso. Puro hastío. No disfruta con los compromisos comerciales. Es profesional y los atiende diligente, pero no lo puede disimular. Ernesto, el fotógrafo, le pedía insistentemente una sonrisa en el fotocall, pero nada. No le sale. La mueca que intentaba esbozar no era precisamente de felicidad. Antes, posando ante un nuevo Mégane Berlina y un Laguna Coupé, el piloto no concede un gesto para la posteridad. Ernesto está preocupado, no quiere que la sesión se eternice, y trabaja a una velocidad de F1. Nada, no se le ve un sólo diente.
Alonso ya no me impresiona en persona. Si lo hizo cuando le conocí, en 2000, cuando empezaba a destacar en la Fórmula 3000. Entonces me sorprendió su cuello, una pasada, una 50 calculé a ojo. Incluso juraría que ha crecido desde entonces. Pero no ha cambiado nada. Sigue siendo tímido, nada que ver con lo que se ve cuando habla con Lobato. Ahí sabe lo que tiene que decir. Pero en el trato cuerpo a cuerpo se esconde y sabe que juega con ventaja, porque la admiración de la gente le sirve de barrera. Con su padre y con su representante, Luis García Abad, si que departe relajado sin problemas, pero le sacas de su círculo y la tristeza en su mirada y su parquedad de palabras sorprende, aunque comprendes que es una máscara, un escudo ante lo desconocido, el mundo real. No le debe gustar nada sentirse un objeto, un producto andante. Ahora pasa por aquí, ahora posa ahí, ahora habla con fulano, ahora la foto con el alcalde, ahora tienes diez minutos para comer, ahora súbete al coche… yo también, cualquiera, acabaría harto.
Sin embargo, una vez con los ganadores del concurso dentro del coche, Alonso se mostraba más locuaz. La gente de a pie le admira, es imprevisible, y seguro que también le divierte, siempre con el gas a fondo, trompo por aquí, derrape por allá, quemando ruedas a la mínima… Más de un centenar de veces bajó, por una pendiente del 11 por ciento mojada y esquivando chorros de agua a una velocidad endiablada, con control de tracción y sin él. Ahí si que se le veía sonreír. Estampó su firma como un millar de veces sobre tarjetas, cuadernos, camisetas y gorras. Quizá superaron el millar las fotos con todo el mundo. Algunos de ellos le daban regalos: una foto, un CD, una camiseta… apenas pasaban por sus manos García Abad los ponía a buen recaudo. En mi bolsillo un llavero pequeñito de Renault “para cuando te den las llaves del R29″, tenía pensado el discurso. Pero el llavero volvió conmigo a casa. No le iba a arrancar una sonrisa con algo tan básico, aunque delante del espejo, la noche antes, sonaba hasta gracioso. Mi madre seguro que me habría intentado convencer para que hablara a Alonso sobre el coleccionable de 12 capítulos que hice para Motor 16 en 2005, cuando quedó campeón del mundo por primera vez. No sabría explicarle en menos de tres horas a mi madre que no podría ser, que seguro que ni ha leído la revista en los últimos años…
Estamos en las instalaciones del RACC en Moraleja de Enmedio, con varias pistas para poder conducir en situaciones adversas, realizar el test del alce (incluso volcó a última hora un coche que no llevaba montado el ESP), o comprobar subviraje y sobreviraje. Los compañeros de Europa Press TV le tenían que hacer tres preguntas y Fernando tenía que contestar mirando a cámara. Lo sacó a la primera. Y no creo que se lo trajera estudiado de casa. Sencillamente es un profesional como la copa de un pino. Sabe que tiene que alabar al nuevo Mégane, preocuparse por la crisis y ‘confesar’ que ha renovado con Renault porque se siente como en casa. Es un crack. Sobre todo dentro de la pista, claro. Al final de la jornada llega un coche de Televisión Española. Una campaña de Unicef. Con un frío que pela, el asturiano sonríe de oreja a oreja. Se equivoca y pide entre carcajadas el texto con lo que tiene que decir. Un folio entero. Profesional… y atento.
A todas horas rodeado de su padre (sorprendente verlo en estos saraos), y su inseparable Luis García Abad, Fernando atiende al personal de Comunicación Interna de Renault, que también aprovecha para fotografiarse junto al campeón… no se puede dejar escapar una oportunidad así. Incluso el fotógrafo me deja dos millones de pesetas en mis manos para que le retrate junto al ovetense. Por supuesto: Ernesto es un crack de cracks, y seguro que compartimos salidas un fin de semana de estos, él en su BMW GS1200 y yo en mi Suzuki V-Strom 650.
Aprovecho el viaje con el bicampeón del mundo para deslizarle unas cuantas preguntas. Fernando no es tonto y sabe que soy periodista. No va relajado del todo. ¿Qué te parece el coche? “Está bien”, dice sin mucha convicción… (a dos clientes posteriormente les dijo que no le entusiasmaba en cuanto a estética, con la mayor sinceridad del mundo, máxime cuando hablas de un producto de la casa que le paga). ¿Cuándo empiezas las vacaciones?, le pongo la muleta delante. “Mañana”, confiesa regalando media sonrisilla. ¿Hasta cuándo?, le lanzo la pregunta obligada. “Hasta el 12 de diciembre”. ¿Has visto ya el nuevo R29? “No”. Más escueto, imposible. Todo esto sucede mientras en una recta de 150 metros el tipo flirtea con los cien kilómetros por hora y frena en plan rally. “Cuidado ahí atrás”, avisa un momento antes de coger los peraltes como si estuviera en un F1 y girar con brusquedad un microsegundo las ruedas hacia la derecha para dar un volantazo instantáneo hacia la izquierda y hacer derrapar el coche para dejarlo encarado para la siguiente recta. Menos mal que llevaba puesto el cinturón de seguridad del asiento trasero derecho, porque aún así, casi beso el lado contrario del coche de la brutalidad del cambio de dirección. “Eres el mejor”, le dice Ernesto, después de retratar al campeón en plena acción desde el asiento del copiloto e intentar bajar a menos de 150 las pulsaciones. “A por el tercero”, le digo mientras nos estrechamos la mano. “A por él”, me contesta con la otra media sonrisa que me debía.
5 de Noviembre de 2008 — Fórmula 1

El secreto a voces se ha confirmado hoy. Alonso y Renault seguirán juntos en 2009 con el único objetivo de ser campeones del mundo por tercera vez.
Se acabaron los rumores. ‘No news, good news’. La máxima en los tiempos de crisis se vuelve a cumplir una vez más. De tan repetido, por activa y por pasiva, el hecho de que el ‘meteorito asturiano’ y Ferrari no iban a formar tándem en 2009 sólo dejaba una vía de escape lógica, una huida hacia delante que no es ni mucho menos, una huida en un callejón sin salida. Renault ha demostrado al mundo que puede hacer un coche un segundo y pico más rápido en apenas unos meses. Ya quisieran el mismo Ferrari y el propio McLaren un equipo de trabajo tan competente y, por supuesto, un tipo como Fernando, capaz de diagnósticar un bólido en apenas media sesión de trabajo.
Buenos pilotos, capaces de ir muy rápidos, hay muchos. Ahí están Kimi Raikkonen o Lewis Hamilton, que les das un coche, sea bueno o malo, y siempre, o casi, le sacan el cien por cien. Sin embargo, grandes pilotos hay muy pocos. Ahora mismo sólo me sé uno: Fernando Alonso. Él puede correr tan rápido o más como el resto con un coche rápido, pero él aporta algo más. El asturiano disecciona con el bisturí de su experiencia y su especial sensibilidad el estado general del coche, sabiendo exactamente dónde se debe trabajar para mejorar las prestaciones del monoplaza. Y eso, por mucho que duela, hay muy pocos, por no decir ninguno, que estén a su altura.
Fernando Alonso llegó a McLaren e hizo campeón un coche que la temporada anterior no había ganado una sola carrera con Raikkonen y con Montoya, dos grandes, como pilotos. “Mandó cambiar partes y conceptos cuya modificación no se planteaba desde hacía años porque se daban como buenas”, alucinaba Pedro Martínez de la Rosa al empezar a trabajar con el de Oviedo.
No me gusta nada el comunicado que ha sacado Renault España. Lo titula “Renault renueva su confianza en Fernando Alonso”. ¿Qué pasa? ¿Que ha habido momentos en los que no han confiado en él? ¿¡Que le están haciendo un favor renovándol? ¿Se puede ser más tergiversador? Es cierto que Alonso sigue en Renault porque Ferrari le ha vuelto a cerrar las puertas… Pero es que si Fernando deja la marca del rombo… se volvería a hundir en lo más profundo de la mediocridad de la parrilla de la F1. No olvidemos que el R28 está donde está Nelsinho Piquet, 12º del Mundial con 19 puntos. Todo lo demás, los 42 puntos extras, las dos victorias y el cuarto puesto por escuderías final, todo éso, es lo que ‘vale’ Fernando Alonso con respecto a los demás.
Y por cierto… todo lo avispado que es Flavio Briatore… ya podría haber dado la oportunidad en el segundo coche para 2009 al suizo Romain Grosjean, de 22 años. Nelsinho no ha aprendido mucho en un año al lado del mejor piloto del mundo. Su tiempo ha pasado. Debería Briatore dar la opción a Grosjean antes de que sea demasiado tarde, y no ‘robarle’ un año, si finalmente cristaliza, como aún cree Fernando que el propio Flavio le debe. Aquel 2002 de probador pudo ser una pérdida de tiempo, y cada vez que Alonso lo recuerda se le agría el gesto.
4 de Noviembre de 2008 — Tenis

Este chico no aprende. Otra vez llega al final de temporada con el depósito en la reserva. Rafa Nadal renuncia a la Copa Masters de Shangai por molestias en la parte de arriba de la rodilla derecha.
Y es que es un cuento que se repite una y otra vez. No recuerdo una temporada en la que Rafa Nadal haya llegado a la recta final, Madrid, París, Shangai, sin molestias, al cien por cien. Sabemos que el de Manacor basa en su tremenda capacidad física el tenis que le permite, una y otra vez, hacer morder el polvo a sus rivales. Quizá por eso debería ser más consciente de que el físico no es ilimitado y que debe racionalizar y economizar esfuerzos siempre que pueda. No sé si os acordáis que ya en 2005 Rafa se perdió el torneo de maestros por culpa de las lesiones. Se limitó a saludar desde el tercio al público chino congregado y se fue a casita. Esta vez ni va.
Y es que una y otra vez sorprenden los números de Rafa, este año, encabezados por una cifra, el ‘1′, que con tanto esfuerzo ha conseguido. Pero es que el balear ha jugado la friolera de 93 encuentros este año (balance 82-11). Hasta sorprende que Roger Federer, sabio y ‘tacaño’ y ‘racano’ en sus presencias en torneos menores, haya disputado este 2008 un total de 78 partidos. Al menos, el suizo ni saltó a la cancha en los cuartos de París para medirse a Blake. Nadal, todo ímpetu y corazón, tuvo que perder el primer set 6-1 con Davydenko para darse cuenta de que no podía jugar. Djokovic con 76 y Murray con 70, tercero y cuarto del mundo por ránking, son los siguientes con más torneos disputados en la lista. Obvio. Cuanto más ganas, más juegas.
Rafa se nos va a lesionar de gravedad un día de estos. Y si no se lesiona, nos va a durar mucho menos que un tenista al uso. Perdona que sea tan directo pero es lo que pienso, y vaya por delante que lo último que le deseo es el mal a un gran tenista y mejor persona. Los exigentes esfuerzos físicos que realiza un día si y otro también pasan factura tarde o temprano. Siempre he dicho que, a pesar de la diferencia de edad, el manacorense se retirará antes que el helvético. El tenis de salón requiere menos esfuerzo que el de albero, y no es lo mismo tocar el violín que la guitarra eléctrica.
Y lo peor de todo es que Rafa no puede cogerse un mes de vacaciones. La final de la Copa Davis en Mar de Plata ante Argentina se perfila en el horizonte como una isla en medio del océano ofreciéndose dulce para ser conquistada. La empresa va a requerir el 110 por ciento de Rafa Nadal, cuyos dos puntos de individuales deben ser ‘impepinables’ para luego rezar y sacar alguno de los tres restantes. Otro esfuerzo más, mucho más titánico si cabe, ante 12.000 gargantas argentinas haciendo patria… por decirlo de la manera más suave posible.
A lo mejor Rafa debe plantearse muchas cosas cuando el 23 de noviembre acabe su temporada. Adiós a los compromisos comerciales, adiós a torneos menores como el Godó, concentrarse en Grand Slams y Masters Series… Lo mismo debe pasar de las primeras rondas de la Copa Davis… acabar el año con 70 partidos, tirando ya por arriba. Creo que economizando puede conseguir perdurar un par de temporadas más a buen nivel. Y repetir los números de este año: ocho títulos, dos Grand Slams, tres Masters Series, oro olímpico, rey de la tierra, número 1 del universo. Piensa Rafa, piensa. Deja, por una vez, el corazón a un lado.
3 de Noviembre de 2008 — Fórmula 1

Si Alfred Hitchcock levantara la cabeza aún estaría en éxtasis… ¡¡¡VAYA FINAL DEL MUNDIAL DE FÓRMULA 1!!!
Si alguien vio la carrera de F1 de este domingo en Brasil y aún no está flipando es que no tiene sangre corriendo por las venas. Por un lado doy gracias al cielo, en cierta medida, por poder haber visto la carrera en el sofá tranquilamente y por no estar en la redacción de Diario 16 y Eurosport, aunque se echan de menos, sobre todo en tardes como estas. Si por regla general hacía crónicas de 30 párrafos después de una carrera interesante… ayer tendría que haber escrito al menos 80 para analizar todo lo que pasó en la carrera que ponía la guinda al pastel de un Mundial con un desenlace tan inesperado como brutal. Una carrera que seguro que en Brasil y en España se siguió con especial atención, por razones distintas, pero bien claras a mi entender. Desde las favelas de Sao Paulo hasta el mismo Cantagallo en lo más profundo de Salamanca, una antena de TV apuntaba al cielo sintonizando con la pasión y el espectáculo de la F1.
Cada protagonista se sabía muy bien su papel. Massa marcó la pole y su única preocupación, mientras cruzaba los dedos mirando al cielo, era no dejarse arrebatar la posición tras una salida limpia que le mantuvo al frente. En cambio, en el coche de Hamilton también iban la preocupación y el miedo al fracaso, pesada carga para un joven de 23 años. El recuerdo del año anterior, en las mismas circunstancias, le atenazaban sobremanera, y se notaba el miedo, en su forma de pilotar, sobre todo en un joven impulsivo e irrespetuoso acostumbrado a que sus más ínfimos deseos sean tomados como severas órdenes.
Saliendo cuarto, Hamilton tenía que salir con prudencia. Vio con alegría que Alonso, justo detrás de él, con más combustible de lo habitual, no hacía una arrancada marca de la casa. Sin embargo Vettel si la hizo y la prudencia de Kovalainen por no adelantar a su jefe de filas se le volvió contra él, pues al final se vio sobrepasado por Alonso y por Vettel. Así las cosas, primeras lluvias pasada una docena de vueltas. Los más avispados, Vettel, Alonso y Heidfeld, entraron una vuelta antes que sus rivales, y de golpe y porrazo el de Toro Rosso y el español se vieron tras Massa, y habiéndose quitado de enmedio a Raikkonen y a un Hamilton que se limitaba, obviamente, a copiar la estrategia de su máximo rival por el Mundial.
La guerra de nervios era total. Ya de inicio al malvado becario del maléfico guionista no se le ocurrió nada mejor que, a punto de darse la vuelta de reconocimiento, con zapatos de paseo, descargar una tormenta de aúpa en apenas dos minutos: resultado, carrera declarada en mojado, cambio de zapatos por unos más adaptados para la lluvia y un retraso de 15 minutos que con su lento discurrir carcomían las entrañas de más de uno. Total, que con los corazones a punto de salirse por la visera del casco, en cada curva, en cada centímetro del asfalto brasileño, Ron Dennis veía una trampa, una emboscada para su pupilo, que cual Maracaná, tuvo que soportar insultos de todo tipo e la torcida brasileña, más entregada que nunca jamás.
Pero estamos a mitad de carrera. La misma discurre sin demasiadas novedades. Alonso sabe que Vettel va a tres paradas y no es rival para el podio. Kimi, que pareció retrasarse para poner aún más nervioso a Hamilton, se pone a ritmo de vuelta rápida tras vuelta rápida y se pega al alerón trasero de Alonso, que flipaba cuando por radio le decía su ingeniero jefe que su carrera era para ganar el GP, y que no se fijase en lo de atrás. Hamilton rodaba cuarto, plácidamente. Pero quedaba una vuelta de tuerca. El día se convirtió en noche. No era un eclipse, por mucho que lo hubiera deseado Hamilton y todo McLaren Mercedes. El cielo se encapotó de tal manera que sólo había una salida posible: una tromba de agua. Alonso, Kimi y Vettel entraron a la vez a siete vueltas del final. Acertaron. Massa y Hamilton en la vuelta siguiente. Los márgenes de error de uno y otro eran distintos. Vettel se puso cuarto y Hamilton quinto… ¿¡o no?! Un kamikaze en un coche japonés, pero de origen alemán, Timo Glock, disfrazó su bala blanquirroja de “Zero”, el avión nipón de la segunda guerra mundial que se estrellaba contra los barcos americanos. Glock, digo, decidió no pasar por boxes y aguantar el chaparrón, nunca mejor dicho, con más redaños que el caballo de Espartero. El aguacero duró menos de lo previsto… y con la parada en boxes Hamilton había perdido tanto tiempo como para salir detrás de Glock. Terrible… Hamilton era quinto… pero la pista se secaba ultrarrápido. Kubica, que tampoco cambió ruedas, se desdoblaba de Lewis y el desconcierto lo aprovechaba Vettel para adelantar a Hamilton, que por radio escuchaba, a menos de tres vueltas del final, que era sexto y que ese puesto no le valía. El McLaren entonces empezó a culebrear en cada curva. Vettel es un as con la pista mojada y la pericia del británico no valía de nada. Había zonas del circuito completamente secas y otras, como las curvas 2, 3 y 4, que con slicks eran difíciles de trazar. Hamilton se desesperaba casi tanto como Ron Dennis en el box gris.
Todas las luces del display de detrás del volante del McLaren de Lewis eran de un rojo intenso. En los cascos de Hamilton no paraban de sonar los gritos de su nueva novia rockera y de Ron Dennis, Martin Whitmars, Norberg Haug, sus patrones, aullando desesperadamente buscando las palabras mágicas para obrar el milagro. Y el milagro ocurrió. Agua milagrosa. Si la tromba de agua que de nuevo cayó a vuelta y media del final hubiera caído 30 segundos más tarde, SOLO MEDIO MINUTO MÁS TARDE, ahora mismo estaríamos “falando” portugués y enarbolando una bandera con la leyenda “Ordem e Progresso” a ritmo de samba, y no viendo la Union Yack ondeando en lo alto del mástil. La última vuelta fue un suplicio para todos. Para Massa, porque le decían por radio que era campeón del mundo. Para Hamilton porque le quedaban 4.309 para revivir los fantasmas del pasado… y para Timo Glock, porque con sus ruedas de seco no podía mantener el coche sobre la pista. Tenía una docena de segundos sobre Vettel y Hamilton, que le precedían, pero no podía dar gas al coche sin sentir el latigazo del tren trasero.
En la orgía desenfrenada de las últimas curvas, con Hamilton desesperado a la caza y captura del correoso Vettel, pasan varios coches, supuestamente doblados. En la entrada de la parabólica, tres curvas enlazadas que dan acceso a la meta, pasan a un Toyota. ¿Trulli? Me temo que no. La cámara pintada de amarillo sobre el casco del piloto de Toyota revela que es Glock. Nadie se da cuenta en pleno maremagnum. La familia Massa se abraza, el box de Ferrari estalla, la incredulidad se apodera del garaje de McLaren. Massa entra primero, Alonso cumple una vez más con creces y llega segundo. Kimi le pisa los talones. Un gráfico sobreimpresionado en pantalla saca del éxtasis a la familia Massa, que ve a Felipe levantado la mano con el dedo al viento. Sobreimpresionado en la imagen, se ve que el cuarto en llegar no es Glock, sino Vettel. El quinto es Hamilton, campeón del mundo. Nadie sabe donde mirar o qué hacer. Un mecánico del cavallino despierta a los Massa. La euforia da paso a la decepción y el abatimiento. En McLaren se celebra a medio gas. Aún no se lo creen. La pasión no se desata completamente. Pero no hay vuelta de hoja. Hamilton es campeón.
Un campeón indigno, a mi modesto parecer. A falta de tres curvas no lo era. Y no lo era por ‘cagón’. Una cosa es no arriesgar y aprender de los errores del pasado, pero otra es funambulear con el abismo del sexto puesto con plomo en los bolsillos, como hizo Hamilton, conformista y reservón en exceso. Jugando al 0-0 estuvo a punto de perder en el ‘Maracaná’ de los circuitos de F1. Sólo la lluvia y la diosa fortuna le hizo campeón. No fueron sus manos, su calidad innata como piloto, su temperamento a juego con su talento. No. Fueron circunstancias ajenas las que decidieron un título mundial de forma caprichosa. En cualquier caso, fue una de las jornadas de F1 más grandes que recuerdo en mi vida. Un deporte apasionante.
Y si no están de acuerdo… piensen en las vueltas que ha dado la vida a más de medio mundo… en sólo tres curvas… y con un poco de agua.