
La receta es sencilla. Una pizca de orden, cuarto y mitad de ilusión, un buen chorro de motivación y correr hasta que el corazón estalle en el pecho. Con estos condimentos el Real Unión de Irún eliminó al todopoderoso Real Madrid de la Copa del Rey, una maldición copera que dura ya 17 años para los blancos y que pone contra las cuerdas a Bern Schuster. Dos millones pueden más que 350. Ver para creer.
La verdad, es que en cuanto acabe este post voy a mirar en alguna casa de apuestas a ver cómo se paga la destitución de Bern Schuster antes de final de año. Será complicado que el alemán se coma el turrón… aunque sea del blando y caducado.
La motivación es principal para encarar este tipo de partidos, y es lógico entender que un jugador ponga un plus físico en el campo cuando enfrente está la Juve o el Barça, que cuando es un Segunda B. Y eso se paga. Una pena, porque el Real Madrid podría haber salido a flote con la cabeza bien alta cuando peor le vienen las cosas. La lesión de Van Nistelrooy auguraba problemas de cara a puerta y un día Higuaín se destaca con cuatro chicharros y ayer Raúl colocó un hat trick. Pero no valió de nada. La tradición se vuelve a cumplir y la Copa siempre es una sorpresa, aunque sea a doble partido.
El carácter desafiante y prepotente de Schuster, unido a su omnipresente y sempiterna cara de pocos amigos, no ayuda a ganar amigos a nadie para la causa. Ya hay voces que se elevan en distintos medios hablando de próxima destitución, pero el próximo partido será clave, y también el siguiente traspiés. Yo, por ahora, no veo un despido fulminante. Antes tiene que salir Calderón a la palestra y cumplir la tradición de refrendar en el banquillo al germano, y decir por activa y por pasiva que no hay ninguna alternativa en mente, que acabará la temporada. Entonces me preocuparé.
Pero lo que está claro es que la imagen de desgana que dio el Madrid ante un Bernabéu casi lleno para un partido en teoría intrascendente no es de recibo. El dinero que cobran los jugadores, las cifras millonarias, valen tanto para finales como para partidos que se deben superar con compromiso y sacrificio. Y con los bolsillos llenos es difícil motivarse, la verdad. Y lo peor de todo es que volverá a pasar. Se repetirá la historia, y el pez pequeño se volverá a comer al grande… afortunadamente para el fútbol.