
Una pena no haber apostado la semana pasada: a Schuster no lo salva nadie. Si come el turrón lo hará en su casa, o en Alemania, con la familia. En el paro. Dorado retiro. La derrota en Valladolid ha abierto la veda. El Real Madrid no sólo busca un sustituto a Van Nistelrooy. También busca entrenador.
Ni fútbol, ni actitud. Imagen lamentable, nula motivación, sin ambición, sin ganas, sin juego… una caricatura de Real Madrid. El Valladolid, haciendo lo justo, un equipo trabajado diligentemente por Mendilibar, obrero de los banquillos con mil batallas a sus espaldas, logró el merecido premio de una victoria ejemplar. Para unos y para otros. Los hombres pueden a los nombres. Punto.
El Madrid es un sinsentido, un cúmulo de despropósitos, un caos, una nave a la deriva en la que el capitán no sabe interpretar una brújula en medio de la tempestad más absoluta. En medio, mientras el asesor del presidente, Miguel Ángel Portugal, propone el fichaje de Milito por diez millones de euros, el director deportivo, Pedja Mijatovic, dice que no. Lo que propone el exjugador blanco, lo torpedea con sus comentarios a la oreja de Calderón el propio Portugal. Dos figuras que sobran claramente. ¿No sería mejor preguntar al entrenador lo que quiere?
En el proceloso mar de la liga española la nave va a pique. Eliminados de la Copa, con una preparación física deficiente, una penosa, si existe, política de fichajes y unos servicios médicos externalizados, para hacer caja, en los que no confían los jugadores, configuran un escenario digno de una película de los hermanos Marx. Y mientras, el Barça, viento en popa a toda vela, jugando de pizarra y sorteando las borrascas en forma de multa por retrasos en los entrenamientos a golpe de gol.
En fin. Un despiporre. Mientras Juande Ramos ya parece estar atado por el Atlético de Madrid esperando el desfallecimiento de Aguirre, el Real Madrid, con su bicefalia de estandarte, ya empieza a buscar técnicos. Que aparezcan publicados los nombres, es cuestión de horas. ¿Por quién apostarías?