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Diciembre 9th, 2008 — Fórmula 1

Siempre se dice que los cambios introducidos en la F1 de año en año van a revolucionar el Mundial, pero al final… siempre ganan los de siempre.
Sin embargo, más que el Kers, más que los slicks, más que los cambios en alerones y aerodinámica… más que todo eso, el anuncio de Honda de dejar el Mundial va a cambiar el panorama de la Fórmula 1. Me jode mogollón el ‘gran’ Max Mosley. El tipo, un sadomasoquista con una esvástica serigrafiada en su minúsculo cerebro, que detenta desde tiempo inmemorial la presidencia de la FIA, enarbola la bandera de la ecología y la reducción de costes… y el tipo, más gorki que el primo de gorki, dice que, para ahorrar, hay que montar el sistema KERS (Sistema de recuperación de energía), que apareja una inversión de más de 50 millones de euros por parte de los constuctores!!! Y para seguir con el ‘brillante’ entre brillantes, dice que los constructores deben aceptar el motor único para ahorrar dinero… o sea… TIRA LA PIEDRA SOBRE SU TEJADO Y QUIERE CARGARSE DE UN PLUMAZO LA ESENCIA DE ESTE DEPORTE!!
La respuesta de emblemas del mundo del motor como Ferrari no se ha hecho esperar: “Si esto se lleva a la práctica nos vamos”. Otro que no ha dejado pasar la ocasión de hacerse oír es Fernando Alonso: “Si esto sigue adelate será momento de pensar en la retirada”. Poco más se puede añadir ante los desvaríos de un tipo más senil que Matusalén.
Takeo Fukui, presidente y director ejecutivo de Honda no ha tenido más remedio que tirar la toalla. El gigante japonés no pasa por el mejor momento. La crisis mundial, y en especial de constructores automovilísticos, no perdona ni a grandes ni a pequeños y los más de 500 millones de euros por temporada son un despilfarro que, en el caso de Honda, que no gana una carrera desde el infinito y más allá y que no deja de dar una lamentable imagen con coches poco competitivos, ha significado el adiós a 44 años de permanencia en el gran circo. Para colmo, los patrocinadores huyen de la F1, no quieren que se les identifique con gastos desmedidos, derroche, polución, contaminación gratuita, esperpento exhibicionista… en definitiva, todo lo que empieza cuando acaba el deporte.
Rodeado, como está este deporte, de gente cuyo coeficiente intelectual no llega a dos cifras como el señor Mosley, poco importa que se piense en medallas para recompensar a los tres primeros, o que se premie al mejor de los entrenamientos del viernes. Esto se va al garete… a la mierda, siendo más explícito y menos diplomático.
Hace falta un poco de coherencia, un poco de sangre nueva, espíritu deportivo y menos interés comercial. El deporte se lo pueden cargar unos pocos en un santiamén, con ocurrencias seniles, peor que pueriles. Por dios… que alguien haga algo ya!!
¿Estamos de acuerdo?
Noviembre 27th, 2008 — Fórmula 1

Tenía en la agenda marcado este día para hablar un poco de la Champions… en teoría podía tener chicha si el Madrid hubiera palmado en Bielorrusia o hubiera pasado algo relevante en el Calderón vacío, por ejemplo… pero abro el periódico y me desayuno con los drásticos cambios que quiere imponer Bernie Ecclestone de inmediato en su circo… ¡y es que no me puedo reprimir! También tengo el tema de Pedro Martínez de la Rosa y sus pruebas en Force India y su posible anuncio como piloto titular de esta escudería, pero… tendrá que esperar un poco… y que no se lo tome a mal… porque como ya lleva unos añitos esperando un volante como piloto titular… un par de días no creo que represente un gran agravio. Prometido, Pedro, otro día te lo dedico.
En fin, que ahora el bueno de Bernie tiene más tiempo libre. Desde que le ha dejado su mujer, 25 años más joven, pues como que tiene las neuronas revolucionadas, y claro, el tipo es un “no parar”. Parecía que lo de las medallas para los tres primeros era un globo sonda a ver cómo caía en el paddock… ¡pero resulta que no!, ¡que lo quiere hacer de verdad! En teoría no habría gloria más que para los tres primeros. El cuarto no puntuaría, como hasta ahora, que lo hacen los ocho primeros. Se podría mantener el sistema de puntuación para la clasificación de constructores, pero el ganador del Mundial sería el que, al final, hubiera conseguido más medallas de oro.
Analizando un poco esto… qué se consigue? Pues yo creo que desmotivas a, al menos, seis escuderías de las diez que componen la parrilla, que saben que, salvo hecatombe o catástrofe mayúscula, no van a ganar una carrera. ¿Más consecuencias? Pues que después de la salida, viendo más o menos cómo quedan unos y otros, sólo la lotería del safety car puede cambiar la historia, porque lo más normal es que cunda la desmotivación del sexto para atrás y se dediquen a hacer pruebas en carrera, porque otra cosa no les va a quedar.
Todo esto es la punta de lanza de un plan “huida hacia adelante” que volvió a sacar a relucir Ecclestone en la presentación de la poderosa firma surcoreana LG como nuevo patrocinador. Asociadas a esta descabellada medida, también habla de imponer árbitros en vez de jueces y comisarios de carrera, copiar las tarjetas amarillas y rojas del fútbol, que acarrearían suspensiones en vez de sanciones con puestos en la parrilla, o la, a mi juicio, más vistosa y animadora, sobre todo de los viernes, de premiar con un millón de dólares al piloto más rápido del primer día de entrenamientos libres, ya que es una jornada con nula emoción y que no atrae a los espectadores. Con un “kilo” en juego, seguro que algún calentón habrá.
La propuesta, con un paquete de medidas en las que se incluyen todas estas, ya está encima de la mesa del órgano regulador, que es el Consejo Mundial de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), que lo analizará el 12 de diciembre. “El año que viene habrá que arriesgar más”, dice el patrón de la F1… y no se da cuenta que el que arriesga, quizá un poco más de la cuenta, en esta ocasión, es él.
PS: Por cierto… en la foto, Ecclestone es el de la izquierda 
Noviembre 7th, 2008 — Fórmula 1

Llegó a eso de la una del mediodía. Casi media hora antes de lo previsto. Si lo piensas un segundo, tiene su lógica. Es piloto de Fórmula 1. Y no venía, precisamente, de la fiesta de celebración del Mundial de Hamilton. Barba de un puñado de días, gesto taciturno, cabellos desordenados, no sabría decir si peinado estudiado o natural, ojos de haberse levantado hace cinco minutos y una sonrisa ausente que sólo afloraría más tarde, no el fotocall con los afortunados ganadores de un curso de conducción con el “meteorito asturiano” organizado por Renault, sino cuando se puso al volante de uno de los nuevos Mégane Coupé. Este chico sólo es feliz con un volante en la mano atado a cuatro ruedas. El resto le resulta tedioso. Puro hastío. No disfruta con los compromisos comerciales. Es profesional y los atiende diligente, pero no lo puede disimular. Ernesto, el fotógrafo, le pedía insistentemente una sonrisa en el fotocall, pero nada. No le sale. La mueca que intentaba esbozar no era precisamente de felicidad. Antes, posando ante un nuevo Mégane Berlina y un Laguna Coupé, el piloto no concede un gesto para la posteridad. Ernesto está preocupado, no quiere que la sesión se eternice, y trabaja a una velocidad de F1. Nada, no se le ve un sólo diente.
Alonso ya no me impresiona en persona. Si lo hizo cuando le conocí, en 2000, cuando empezaba a destacar en la Fórmula 3000. Entonces me sorprendió su cuello, una pasada, una 50 calculé a ojo. Incluso juraría que ha crecido desde entonces. Pero no ha cambiado nada. Sigue siendo tímido, nada que ver con lo que se ve cuando habla con Lobato. Ahí sabe lo que tiene que decir. Pero en el trato cuerpo a cuerpo se esconde y sabe que juega con ventaja, porque la admiración de la gente le sirve de barrera. Con su padre y con su representante, Luis García Abad, si que departe relajado sin problemas, pero le sacas de su círculo y la tristeza en su mirada y su parquedad de palabras sorprende, aunque comprendes que es una máscara, un escudo ante lo desconocido, el mundo real. No le debe gustar nada sentirse un objeto, un producto andante. Ahora pasa por aquí, ahora posa ahí, ahora habla con fulano, ahora la foto con el alcalde, ahora tienes diez minutos para comer, ahora súbete al coche… yo también, cualquiera, acabaría harto.
Sin embargo, una vez con los ganadores del concurso dentro del coche, Alonso se mostraba más locuaz. La gente de a pie le admira, es imprevisible, y seguro que también le divierte, siempre con el gas a fondo, trompo por aquí, derrape por allá, quemando ruedas a la mínima… Más de un centenar de veces bajó, por una pendiente del 11 por ciento mojada y esquivando chorros de agua a una velocidad endiablada, con control de tracción y sin él. Ahí si que se le veía sonreír. Estampó su firma como un millar de veces sobre tarjetas, cuadernos, camisetas y gorras. Quizá superaron el millar las fotos con todo el mundo. Algunos de ellos le daban regalos: una foto, un CD, una camiseta… apenas pasaban por sus manos García Abad los ponía a buen recaudo. En mi bolsillo un llavero pequeñito de Renault “para cuando te den las llaves del R29″, tenía pensado el discurso. Pero el llavero volvió conmigo a casa. No le iba a arrancar una sonrisa con algo tan básico, aunque delante del espejo, la noche antes, sonaba hasta gracioso. Mi madre seguro que me habría intentado convencer para que hablara a Alonso sobre el coleccionable de 12 capítulos que hice para Motor 16 en 2005, cuando quedó campeón del mundo por primera vez. No sabría explicarle en menos de tres horas a mi madre que no podría ser, que seguro que ni ha leído la revista en los últimos años…
Estamos en las instalaciones del RACC en Moraleja de Enmedio, con varias pistas para poder conducir en situaciones adversas, realizar el test del alce (incluso volcó a última hora un coche que no llevaba montado el ESP), o comprobar subviraje y sobreviraje. Los compañeros de Europa Press TV le tenían que hacer tres preguntas y Fernando tenía que contestar mirando a cámara. Lo sacó a la primera. Y no creo que se lo trajera estudiado de casa. Sencillamente es un profesional como la copa de un pino. Sabe que tiene que alabar al nuevo Mégane, preocuparse por la crisis y ‘confesar’ que ha renovado con Renault porque se siente como en casa. Es un crack. Sobre todo dentro de la pista, claro. Al final de la jornada llega un coche de Televisión Española. Una campaña de Unicef. Con un frío que pela, el asturiano sonríe de oreja a oreja. Se equivoca y pide entre carcajadas el texto con lo que tiene que decir. Un folio entero. Profesional… y atento.
A todas horas rodeado de su padre (sorprendente verlo en estos saraos), y su inseparable Luis García Abad, Fernando atiende al personal de Comunicación Interna de Renault, que también aprovecha para fotografiarse junto al campeón… no se puede dejar escapar una oportunidad así. Incluso el fotógrafo me deja dos millones de pesetas en mis manos para que le retrate junto al ovetense. Por supuesto: Ernesto es un crack de cracks, y seguro que compartimos salidas un fin de semana de estos, él en su BMW GS1200 y yo en mi Suzuki V-Strom 650.
Aprovecho el viaje con el bicampeón del mundo para deslizarle unas cuantas preguntas. Fernando no es tonto y sabe que soy periodista. No va relajado del todo. ¿Qué te parece el coche? “Está bien”, dice sin mucha convicción… (a dos clientes posteriormente les dijo que no le entusiasmaba en cuanto a estética, con la mayor sinceridad del mundo, máxime cuando hablas de un producto de la casa que le paga). ¿Cuándo empiezas las vacaciones?, le pongo la muleta delante. “Mañana”, confiesa regalando media sonrisilla. ¿Hasta cuándo?, le lanzo la pregunta obligada. “Hasta el 12 de diciembre”. ¿Has visto ya el nuevo R29? “No”. Más escueto, imposible. Todo esto sucede mientras en una recta de 150 metros el tipo flirtea con los cien kilómetros por hora y frena en plan rally. “Cuidado ahí atrás”, avisa un momento antes de coger los peraltes como si estuviera en un F1 y girar con brusquedad un microsegundo las ruedas hacia la derecha para dar un volantazo instantáneo hacia la izquierda y hacer derrapar el coche para dejarlo encarado para la siguiente recta. Menos mal que llevaba puesto el cinturón de seguridad del asiento trasero derecho, porque aún así, casi beso el lado contrario del coche de la brutalidad del cambio de dirección. “Eres el mejor”, le dice Ernesto, después de retratar al campeón en plena acción desde el asiento del copiloto e intentar bajar a menos de 150 las pulsaciones. “A por el tercero”, le digo mientras nos estrechamos la mano. “A por él”, me contesta con la otra media sonrisa que me debía.
Noviembre 5th, 2008 — Fórmula 1

El secreto a voces se ha confirmado hoy. Alonso y Renault seguirán juntos en 2009 con el único objetivo de ser campeones del mundo por tercera vez.
Se acabaron los rumores. ‘No news, good news’. La máxima en los tiempos de crisis se vuelve a cumplir una vez más. De tan repetido, por activa y por pasiva, el hecho de que el ‘meteorito asturiano’ y Ferrari no iban a formar tándem en 2009 sólo dejaba una vía de escape lógica, una huida hacia delante que no es ni mucho menos, una huida en un callejón sin salida. Renault ha demostrado al mundo que puede hacer un coche un segundo y pico más rápido en apenas unos meses. Ya quisieran el mismo Ferrari y el propio McLaren un equipo de trabajo tan competente y, por supuesto, un tipo como Fernando, capaz de diagnósticar un bólido en apenas media sesión de trabajo.
Buenos pilotos, capaces de ir muy rápidos, hay muchos. Ahí están Kimi Raikkonen o Lewis Hamilton, que les das un coche, sea bueno o malo, y siempre, o casi, le sacan el cien por cien. Sin embargo, grandes pilotos hay muy pocos. Ahora mismo sólo me sé uno: Fernando Alonso. Él puede correr tan rápido o más como el resto con un coche rápido, pero él aporta algo más. El asturiano disecciona con el bisturí de su experiencia y su especial sensibilidad el estado general del coche, sabiendo exactamente dónde se debe trabajar para mejorar las prestaciones del monoplaza. Y eso, por mucho que duela, hay muy pocos, por no decir ninguno, que estén a su altura.
Fernando Alonso llegó a McLaren e hizo campeón un coche que la temporada anterior no había ganado una sola carrera con Raikkonen y con Montoya, dos grandes, como pilotos. “Mandó cambiar partes y conceptos cuya modificación no se planteaba desde hacía años porque se daban como buenas”, alucinaba Pedro Martínez de la Rosa al empezar a trabajar con el de Oviedo.
No me gusta nada el comunicado que ha sacado Renault España. Lo titula “Renault renueva su confianza en Fernando Alonso”. ¿Qué pasa? ¿Que ha habido momentos en los que no han confiado en él? ¿¡Que le están haciendo un favor renovándol? ¿Se puede ser más tergiversador? Es cierto que Alonso sigue en Renault porque Ferrari le ha vuelto a cerrar las puertas… Pero es que si Fernando deja la marca del rombo… se volvería a hundir en lo más profundo de la mediocridad de la parrilla de la F1. No olvidemos que el R28 está donde está Nelsinho Piquet, 12º del Mundial con 19 puntos. Todo lo demás, los 42 puntos extras, las dos victorias y el cuarto puesto por escuderías final, todo éso, es lo que ‘vale’ Fernando Alonso con respecto a los demás.
Y por cierto… todo lo avispado que es Flavio Briatore… ya podría haber dado la oportunidad en el segundo coche para 2009 al suizo Romain Grosjean, de 22 años. Nelsinho no ha aprendido mucho en un año al lado del mejor piloto del mundo. Su tiempo ha pasado. Debería Briatore dar la opción a Grosjean antes de que sea demasiado tarde, y no ‘robarle’ un año, si finalmente cristaliza, como aún cree Fernando que el propio Flavio le debe. Aquel 2002 de probador pudo ser una pérdida de tiempo, y cada vez que Alonso lo recuerda se le agría el gesto.
Noviembre 3rd, 2008 — Fórmula 1

Si Alfred Hitchcock levantara la cabeza aún estaría en éxtasis… ¡¡¡VAYA FINAL DEL MUNDIAL DE FÓRMULA 1!!!
Si alguien vio la carrera de F1 de este domingo en Brasil y aún no está flipando es que no tiene sangre corriendo por las venas. Por un lado doy gracias al cielo, en cierta medida, por poder haber visto la carrera en el sofá tranquilamente y por no estar en la redacción de Diario 16 y Eurosport, aunque se echan de menos, sobre todo en tardes como estas. Si por regla general hacía crónicas de 30 párrafos después de una carrera interesante… ayer tendría que haber escrito al menos 80 para analizar todo lo que pasó en la carrera que ponía la guinda al pastel de un Mundial con un desenlace tan inesperado como brutal. Una carrera que seguro que en Brasil y en España se siguió con especial atención, por razones distintas, pero bien claras a mi entender. Desde las favelas de Sao Paulo hasta el mismo Cantagallo en lo más profundo de Salamanca, una antena de TV apuntaba al cielo sintonizando con la pasión y el espectáculo de la F1.
Cada protagonista se sabía muy bien su papel. Massa marcó la pole y su única preocupación, mientras cruzaba los dedos mirando al cielo, era no dejarse arrebatar la posición tras una salida limpia que le mantuvo al frente. En cambio, en el coche de Hamilton también iban la preocupación y el miedo al fracaso, pesada carga para un joven de 23 años. El recuerdo del año anterior, en las mismas circunstancias, le atenazaban sobremanera, y se notaba el miedo, en su forma de pilotar, sobre todo en un joven impulsivo e irrespetuoso acostumbrado a que sus más ínfimos deseos sean tomados como severas órdenes.
Saliendo cuarto, Hamilton tenía que salir con prudencia. Vio con alegría que Alonso, justo detrás de él, con más combustible de lo habitual, no hacía una arrancada marca de la casa. Sin embargo Vettel si la hizo y la prudencia de Kovalainen por no adelantar a su jefe de filas se le volvió contra él, pues al final se vio sobrepasado por Alonso y por Vettel. Así las cosas, primeras lluvias pasada una docena de vueltas. Los más avispados, Vettel, Alonso y Heidfeld, entraron una vuelta antes que sus rivales, y de golpe y porrazo el de Toro Rosso y el español se vieron tras Massa, y habiéndose quitado de enmedio a Raikkonen y a un Hamilton que se limitaba, obviamente, a copiar la estrategia de su máximo rival por el Mundial.
La guerra de nervios era total. Ya de inicio al malvado becario del maléfico guionista no se le ocurrió nada mejor que, a punto de darse la vuelta de reconocimiento, con zapatos de paseo, descargar una tormenta de aúpa en apenas dos minutos: resultado, carrera declarada en mojado, cambio de zapatos por unos más adaptados para la lluvia y un retraso de 15 minutos que con su lento discurrir carcomían las entrañas de más de uno. Total, que con los corazones a punto de salirse por la visera del casco, en cada curva, en cada centímetro del asfalto brasileño, Ron Dennis veía una trampa, una emboscada para su pupilo, que cual Maracaná, tuvo que soportar insultos de todo tipo e la torcida brasileña, más entregada que nunca jamás.
Pero estamos a mitad de carrera. La misma discurre sin demasiadas novedades. Alonso sabe que Vettel va a tres paradas y no es rival para el podio. Kimi, que pareció retrasarse para poner aún más nervioso a Hamilton, se pone a ritmo de vuelta rápida tras vuelta rápida y se pega al alerón trasero de Alonso, que flipaba cuando por radio le decía su ingeniero jefe que su carrera era para ganar el GP, y que no se fijase en lo de atrás. Hamilton rodaba cuarto, plácidamente. Pero quedaba una vuelta de tuerca. El día se convirtió en noche. No era un eclipse, por mucho que lo hubiera deseado Hamilton y todo McLaren Mercedes. El cielo se encapotó de tal manera que sólo había una salida posible: una tromba de agua. Alonso, Kimi y Vettel entraron a la vez a siete vueltas del final. Acertaron. Massa y Hamilton en la vuelta siguiente. Los márgenes de error de uno y otro eran distintos. Vettel se puso cuarto y Hamilton quinto… ¿¡o no?! Un kamikaze en un coche japonés, pero de origen alemán, Timo Glock, disfrazó su bala blanquirroja de “Zero”, el avión nipón de la segunda guerra mundial que se estrellaba contra los barcos americanos. Glock, digo, decidió no pasar por boxes y aguantar el chaparrón, nunca mejor dicho, con más redaños que el caballo de Espartero. El aguacero duró menos de lo previsto… y con la parada en boxes Hamilton había perdido tanto tiempo como para salir detrás de Glock. Terrible… Hamilton era quinto… pero la pista se secaba ultrarrápido. Kubica, que tampoco cambió ruedas, se desdoblaba de Lewis y el desconcierto lo aprovechaba Vettel para adelantar a Hamilton, que por radio escuchaba, a menos de tres vueltas del final, que era sexto y que ese puesto no le valía. El McLaren entonces empezó a culebrear en cada curva. Vettel es un as con la pista mojada y la pericia del británico no valía de nada. Había zonas del circuito completamente secas y otras, como las curvas 2, 3 y 4, que con slicks eran difíciles de trazar. Hamilton se desesperaba casi tanto como Ron Dennis en el box gris.
Todas las luces del display de detrás del volante del McLaren de Lewis eran de un rojo intenso. En los cascos de Hamilton no paraban de sonar los gritos de su nueva novia rockera y de Ron Dennis, Martin Whitmars, Norberg Haug, sus patrones, aullando desesperadamente buscando las palabras mágicas para obrar el milagro. Y el milagro ocurrió. Agua milagrosa. Si la tromba de agua que de nuevo cayó a vuelta y media del final hubiera caído 30 segundos más tarde, SOLO MEDIO MINUTO MÁS TARDE, ahora mismo estaríamos “falando” portugués y enarbolando una bandera con la leyenda “Ordem e Progresso” a ritmo de samba, y no viendo la Union Yack ondeando en lo alto del mástil. La última vuelta fue un suplicio para todos. Para Massa, porque le decían por radio que era campeón del mundo. Para Hamilton porque le quedaban 4.309 para revivir los fantasmas del pasado… y para Timo Glock, porque con sus ruedas de seco no podía mantener el coche sobre la pista. Tenía una docena de segundos sobre Vettel y Hamilton, que le precedían, pero no podía dar gas al coche sin sentir el latigazo del tren trasero.
En la orgía desenfrenada de las últimas curvas, con Hamilton desesperado a la caza y captura del correoso Vettel, pasan varios coches, supuestamente doblados. En la entrada de la parabólica, tres curvas enlazadas que dan acceso a la meta, pasan a un Toyota. ¿Trulli? Me temo que no. La cámara pintada de amarillo sobre el casco del piloto de Toyota revela que es Glock. Nadie se da cuenta en pleno maremagnum. La familia Massa se abraza, el box de Ferrari estalla, la incredulidad se apodera del garaje de McLaren. Massa entra primero, Alonso cumple una vez más con creces y llega segundo. Kimi le pisa los talones. Un gráfico sobreimpresionado en pantalla saca del éxtasis a la familia Massa, que ve a Felipe levantado la mano con el dedo al viento. Sobreimpresionado en la imagen, se ve que el cuarto en llegar no es Glock, sino Vettel. El quinto es Hamilton, campeón del mundo. Nadie sabe donde mirar o qué hacer. Un mecánico del cavallino despierta a los Massa. La euforia da paso a la decepción y el abatimiento. En McLaren se celebra a medio gas. Aún no se lo creen. La pasión no se desata completamente. Pero no hay vuelta de hoja. Hamilton es campeón.
Un campeón indigno, a mi modesto parecer. A falta de tres curvas no lo era. Y no lo era por ‘cagón’. Una cosa es no arriesgar y aprender de los errores del pasado, pero otra es funambulear con el abismo del sexto puesto con plomo en los bolsillos, como hizo Hamilton, conformista y reservón en exceso. Jugando al 0-0 estuvo a punto de perder en el ‘Maracaná’ de los circuitos de F1. Sólo la lluvia y la diosa fortuna le hizo campeón. No fueron sus manos, su calidad innata como piloto, su temperamento a juego con su talento. No. Fueron circunstancias ajenas las que decidieron un título mundial de forma caprichosa. En cualquier caso, fue una de las jornadas de F1 más grandes que recuerdo en mi vida. Un deporte apasionante.
Y si no están de acuerdo… piensen en las vueltas que ha dado la vida a más de medio mundo… en sólo tres curvas… y con un poco de agua.
Octubre 31st, 2008 — Baloncesto, Fórmula 1

Muchos aficionados a la F1 en España están deseando volver a vivir “El Día de la Marmota”. Léase, que Lewis Hamilton, con todo a favor, vuelva a pifiarla en la última carrera de la temporada.
Apenas queda una hora para que se apague el semáforo rojo y los primeros entrenamientos libres del GP de Brasil echen a rodar. Hamilton tiene siete puntos de ventaja sobre Felipe Massa. Son los dos únicos pilotos que pueden ser campeones del mundo. La situación recuerda, y bastante, a la del año pasado, cuando Hamilton era líder del Mundial con cuatro puntos de ventaja sobre Fernando Alonso y siete sobre Kimi Raikkonken. El británico, devorado por la presión, se volvió loco, y cuando lo más fácil era terminar sin problemas y colocarse los laureles en la cabeza, encadenó una serie de errores que acabaron con sus deseos en un pispás. El doblete de Ferrari, con Kimi ganando la carrera, y el tercer puesto de Alonso, con un McLaren inferior en Interlagos a los coches rojos, dio el título a Raikkonen.
Está claro que esto es sólo historia, pasado, y aquí se cumple a medias lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Mejor porque, en lo que al automovilismo patrio respecta, al menos Fernando Alonso tenía opciones al encenderse el semáforo verde de ser campeón del mundo. En este caso, el que repite protagonismo es Hamilton. Kimi y Fernando han cambiado su puesto y ahora es un, ver para creer, Felipe Massa, el que, en su tierra, ante su gente, se juega un título en el que las mejores cartas las tiene su rival.
En el casino brasileño, donde la bolita de la suerte rodará por la ruleta del Jose Carlos Pace con eterno capricho y volubilidad, a Hamilton le vale ser quinto, siempre que Massa gane la carrera, para ser campeón. Está claro que sería de tontos muy tontos repetir los errores del pasado. Por todo esto está claro que la del domingo va a ser una carrera rarísima. Si todo va bien, el trazado carioca suele ir de perlas a los Ferrari, con lo que, de no pasar nada extraño, el doblete sería viable. Alonso y su Renault no van mal este final de temporada. Nelsinho juega en casa y puede estar bastante motivado… pero bueno, pensar que Nelsinho pueda acabar por delante de Hamilton es una utopía. Lo mismo que los BMW, aunque nunca se sabe por donde van a salir Kubica y Heidfeld. En ningún caso, más bien al contrario, Kovalainen, que ha dicho por activa y por pasiva que quiere salir de McLaren (se repite el caso Alonso del año pasado), es un peligro para Hamilton. Al contrario. Con lo que, y perdonen la expresión nada malintencionada, la bolita tiene más opciones de caer en negro que en el rojo Ferrari.
Con estos mimbres vamos a asistir a una carrera donde el tiempo va a pasar muy despacio. Cada vuelta será un mundo, los 317 kilómetros por hora de velocidad punta parecerán cámara lenta, y a río revuelto, a ver si el “meteorito asturiano” se convierte en el pescador que gana. En todo caso, las suspicacias siempre van a estar a flor de piel. Está claro que si Kimi se engancha con Hamilton sería discutible, sancionable y hasta perseguible legalmente, pero, tirando de astucia… ¿por qué no ‘convencer’ a Toro Rosso y a Bourdais, por ejemplo, que parece no tener futuro en la F1, de la conveniencia de tener un ‘pequeño incidente’ con Hamilton? A los más avezados no se les escapará que Toro Rosso, la antigua Minardi, monta motores Ferrari, y que igual quiere seguir equipándolos el año próximo… y a lo mejor que la factura baje sustancialmente. No sé, puestos a ser malos y pergeñar estratagemas, en el mundo de la F1 hay medio centenar de mentes calenturientas que seguro que ya tienen una lista de varios folios con posibles ‘percances’ o ‘incidentes’ que valen un título mundial.
En fin, yo no me lo voy a perder. Y está claro que no me gustaría que Hamilton fuese campeón del mundo. Entre otras cosas, quitaría el récord de precocidad por cuatro meses a Fernando Alonso, pero… es que creo que, mientras como piloto si que se lo merece, como persona está muy lejos de merecerse, simplemente, ponerse a los mandos de una máquina a la que muy pocos tienen acceso. El rollo de angelito y niño bueno que quiere vender, no me convence. Lo siento.
¿Quién ganará en Brasil? ¿Quién será campeón del mundo? Se admiten apuestas.
Octubre 29th, 2008 — Fórmula 1

Lo lógico es responder que sí, pero… ¿interesaría a alguien una competición en la que desapareciera el símbolo por antonomasia de la F1, el cavallino rampante?
La F1 se vive con el corazón. Es un sentimiento, que diría la canción, y la lógica juega un papel residual, anecdótico, en esta locura y desenfreno de millones y millones invertidos en… buena pregunta.
El varapalo que significaría que Ferrari abandonase la F1 sería difícil de remontar. Y la amenaza de Ferrari no es baladí. A veces parece que los mandamases del cotarro están haciendo todo lo posible por cargarse el espectáculo y un deporte tan bonito y lleno de peculiaridades como la F1, y sin duda, la propuesta del masoqusta Max Mosley, de tener un motor único para todas las escuderías duele en lo más profundo en la tradición de marcas como Ferrari, Mercedes, Toyota, Honda, Renault o BMW.
Sólo se explica si el abuelete Mosley ha utilizado esta bomba como globo sonda para lograr la aceptación de otras condiciones más viables, haciendo como que cede con esta locura finalmente. La reducción de elementos aerodinámicos, los neumáticos lisos y la introducción del sistema KERS parecen una realidad para 2009, pero lo del motor único para 2010 no va a colar ni de coña, a no ser que se quiera convertir el espectáculo sobre ruedas más grande del mundo en una vulgar GP2, con todos los respetos para el escalón inferior.
¿Se imaginan a McLaren con un motor Ferrari? ¿O a Ferrari con un motor Honda, por ejemplo? Ni de coña. Es una locura. Y si los que tienen que cuidar este deporte y tienen poder para ello dicen esta sarta de sandeces, pues es preferible que se dediquen a grabar desde sus fiestecitas sadomaso hasta las ortopantomografías de sus vecinos, si les place. Pero que se dejen de historias. Luca Cordero di Montezemolo, con todo Ferrari a su espalda, no ha dejado lugar a la duda. Se irán. Y no dudo que lo harán. La tradición de las balas rojas, su historia, su palmarés, valen mucho más que los desvaríos seniles de un señor con la misma credibilidad que Espinete en traje de torero.
Y todo esto en un escenario en el que aún no tenemos campeón esta temporada, este fin de semana es la última carrera en Brasil y Massa y Hamilton se pasan la pelota de la presión con absoluta diplomacia, y tampoco sabemos aún donde va a correr Fernando Alonso el año que viene, aunque Briatore ya tiene puesto a enfriar el champán. Lo que si sabemos es que Lobato seguirá siendo la voz de la F1 en la Sexta… y que deja a Gonzalo Serrano por el camino. ¡Bien! A ver si se pierde por el mismo Víctor Seara… vaya lacra para el periodismo del motor.
Octubre 13th, 2008 — Fórmula 1

Fernando Alonso ha logrado, en sólo quince días, su segunda victoria en este Mundial. Mientras los favoritos al título acusan la presión, el asturiano reina casi a placer.
Mientras Felipe Massa y Lewis Hamilton se enzarzan en una increíble batalla de errores y meteduras de pata, el río revuelto en el que se ha convertido este mundial de F1 favorece a los buenos pescadores, a los que conocen los sitios para tirar la caña, los caladeros donde nunca faltan buenas piezas, trofeos de calidad. Y otra cosa no, pero al ‘meteorito asturiano’ no se le escapa un pez que ha mordido la caña. Y si en los primeros metros el fallo de Hamilton se lleva por delante a Ferraris y McLarens, pues éso, Alonso no es de los que falla los penaltis.
Tenía a Kubica por delante y a Kovalainen y Raikkonen por detrás, pero con un R28 que ha mejorado bastante y está bastante lejos de ser el coche de madera de principios de temporada, Fernando realizó, una vez más, como hace 15 días en Singapur, una carrera sin tacha, sin mácula, para llevar a Renault, de nuevo, una vez más, a lo más alto. 21 victorias, 51 podios, y ser el piloto en activo con más puntos acumulados, son los bonus que se lleva Alonso de Japón, amén de poner una muesca más en otro circuito, Monte Fuji, de los que le faltaba en su lista.
Y es que mirando atrás… ahhhhh, una pena que el Renault haya tardado tanto en funcionar. En las últimas seis carreras, con dos victorias, tres cuartos puestos y un abandono (casualmente en Valencia), nadie ha sumado más puntos que Fernando Alonso. Y es que es increíble: en 2006 en 9 carreras había sumado casi los mismos puntos que los que ahora tiene el líder, Lewis Hamilton, tras 16 (82 por 84). Si esto no es una muestra de la mediocridad de este Mundial, que venga dios y lo vea.
De nuevo se pudo ver al Usain Bolt de la F1 golpeándose el pecho, tres palmadas, y una ‘uve’ con los dedos, pues son dos las victorias que ha cosechado Fernando después de una temporada aciaga. “No tendré problemas en ayudar a Massa a ser campeón. Quiero que gane Ferrari después de lo sucedido en McLaren”, dijo sin ningún tapujo el ovetense. En un mundo, el de la F1, donde nadie dice las cosas a las claras, y como mucho hay medias verdades, se valora mucho más que alguien diga las cosas a la cara, sin esconderse. Hasta en esto está creando escuela Fernando Alonso. Sólo él ha sido capaz de mejorar más de un segundo por vuelta un coche que a principio de temporada era superado por Red Bull, Toyota y Williams, y que ahora es capaz de secundar a Ferrari y McLaren y derrotar a BMW. Eso lo ha hecho Alonso, no se confundan. Un piloto por el que todos sueñan.
¿Su futuro? Evidentemente Renault, como ya hemos dicho aquí varias veces y desde hace bastante tiempo. Tan solo un cheque en blanco de última hora de Ferrari, que de repente se haya caído de un guindo y se haya dado cuenta de que Fernando es el mejor piloto de la parrilla y los dos que tiene ahora son indignos de lucir el cavallino en sus camisetas y en sus monos, podría variar la cosa. Pero Montezemolo tiene más orgullo que luces, y no dará su brazo a torcer. Peor para él. Si la descongelación de motores para Renault, Toyota y Honda se hace efectiva en 2009, Alonso podría tutear a los grandes. Y con el mismo coche, sin duda, repito, SIN DUDA, nadie gana a Fernando Alonso.
Octubre 7th, 2008 — Fórmula 1

Por si no estaba claro ya, el anuncio de BMW de renovar a sus dos pilotos para 2009 deja a Fernando Alonso cada vez más cerca del anuncio oficial de su prórroga con Renault. Sólo Honda sigue soñando…
Me atrevería a decir que BMW, y Mario Thiessen en concreto, se ha cansado de esperar. Seguro que ha sido una negociación a cara de perro, de lo más tensa, me atrevería a asegurar que pocas negociaciones habrán tenido tantos tiras y aflojas entre ambas partes. Los alemanes intentando atar a Fernando tres años y rebajar sus pretensiones económicas, amén de fuertes claúsulas en caso de rescisión del contrato, y el “meteorito asturiano” buscando el sueldo digno de un bicampeón y, sobre todo, tener las puertas abiertas en caso de que los resultados no acompañen a la caza de un coche ganador. Seguro que se ha hablado de victorias, podios y puntos mínimos, objetivos, para hablar de una cosa y de otra, los eternos ‘flecos’ a los que siempre se alude con eufemista ironía. Vamos, entre nosotros, seguro que ambos representantes habrían querido en algún momento recomendar al otro un cirujano maxilofacial de la paliza que le iba a meter fruto de la impotencia y del escaso o nulo avance en la negociación.
Pero bueno, eso ya es historia. Como ya dije en este mismo sitio, exactamente el 11 de septiembre (’Fernando deshoja la margarita, otra vez’), “más vale malo conocido”. Y eso lo dije cuando parecía que lo único que faltaba para rubricar el contrato por parte del español con los bávaros es que se decidiera entre un M3 y un X6 para su uso particular. Estaba todo hecho según los gurús del motor… pero al final…
El anuncio de su estancia en Renault en 2009 es cuestión de tiempo. Tan sólo Honda y Ross Brawn siguen prometiendo el oro y el moro a Alonso. Aquí no se trata de negociar, porque el cheque en blanco está encima de la mesa, sino una cuestión de confianza. Honda sólo tiene dinero y a Ross Brawn… en la mano gandora, pero en la otra tiene un coche que no anda ni para atras. Un coche que se suele quedar en la Q1 no lo puedes meter de un día para otro en la Q3 con asiduidad… y lo que Fernando quiere a toda costa es ganar.
Ahí es donde entra en juego este fantástico y carismático ‘encantador de serpientes’ que es Flavio Briatore. Este gigoló casi sesentón, capaz de ligarse a las modelos más deseadas con un simple chasquido de dedos, es digno de respeto y confianza, sobre todo si se trata de negocios, por parte de Fernando. De hecho, yo no me sentaría a una misma mesa para jugar al póker como hace el ovetense, pero Alonso confía, y eso debe valer. A Renault le queda un poco, está un paso por detrás de Ferrari y McLaren, pero es el único con capacidad real de hacer un coche campeón, ya lo hizo en el pasado.
Así pues, venda en los ojos, confianza ciega, cruce de dedos… y que el R29 salga tocado por la varita mágica de algún ingeniero predestinado a la gloria.
Septiembre 29th, 2008 — Fórmula 1

Ya estaba deseando que llegase este día. Más de un año sin ver al “meteorito asturiano” en lo alto del podio era demasiado castigo para un soberbio talento como el de Fernando.
Es uno de los pocos elegidos en la historia del automovilismo al que le das “un coche de madera” y te gana una carrera. Es Fernando Alonso. 20 victorias, 50 podios, todo en el Gran Premio número 800 de la historia de la F1, todo ello, la primera vez que se disputa una carrera de noche, con luz artificial, y en un circuito que debutaba en el campeonato. Curioso… ganar de noche un tipo poco amigo de la fiesta nocturna, poco amigo del noctambulismo y de la juerga. No sé, habría sido más lógico que Kimi Raikkonen hubiera sido el ganador, por aquello de su afición a la noche… aunque parece que en Singapur la noche le confundió… ¡vaya piña que se pegó en un lance sin demasiada presión!.
Pero bueno, volviendo al tema. Me quedo con la frase de Lobato al término de la carrera, porque resume muy bien el sentir de una nación y de millones de aficionados. “Alguien debe tomar nota”, y es que el mejor piloto tiene que estar en el mejor coche, y ahora mismo, Ferrari está luchando por el campeonato con dos hombres a los que la presión les acogota de una manera increíble. No sé, es que es tan clara la superioridad de pilotaje de Fernando Alonso que hasta un experto en fitopatología se daría cuenta… y eso que no tiene nada que ver. Montezemolo se podía dedicar a ‘escardar cebollinos’ si se sigue empecinando en negar la evidencia. La cabezonería “chez Ferrari” parece no tener límites… pues peor para ellos. Anoche Massa se llevó puesta la manguera en un repostaje y perdió opciones en su lucha por el Mundial con Hamilton. Kimi probó la consistencia de los muros del circuito de Singapur en un momento en el que no se jugaba nada y cercano al final. Inexplicable.
De todas formas, lo cortés no quita lo valiente. Hay que admitir que la salida del Safety Car en la vuelta 13 fue como si vienese dios a verle. A Fernando. La misma suerte que se le negó el sábado, cuando por primera vez, en un circuito de piloto, en el que el coche tenía mucho menos que ver que en otros circuitos, estaba demostrando que podía salir en primera línea, una inoportuna avería en la bomba de gasolina le hizo llevarse las manos a la cabeza en la Q2 y maldecir en arameo. En cambio, el ‘estampanamiento’ de Nelsinho en el muro justo después del repostaje de Fernando fue fundamental (el que no haya sido malo ni avieso y no haya pensado en una táctica de Renault, sacrificando a lo kamikaze al brasileño, que con este realizó su mejor prestación de la temporada, que levante la mano, je, je). El accidente de Piquet, decíamos, fue fundamental para que Alonso pudiera ganar. Justo había un hueco de dos vueltas en las que se abría la ‘ventana’ favorable para el Safety Car, justo las dos vueltas de diferencia entre el repostaje de Alonso y las de los siguientes, Kubica y Rosberg, como punta de lanza del resto de favoritos. Y, casualidades de la vida, ocurrió.
Pero ojo, no perdamos de vista que Alonso hizo una salida fulgurante, ganó tres posiciones, y desde el minuto uno encimaba a los Williams, que se desesperaban del tapón que realizaba el Toyota de Jarno Trulli, cargado hasta los topes y que llevaba una táctica a una parada, siendo seis segundos más lento en pista que los de detrás. Fernando se había desembarazado del italiano y marchaba 11º cuando entró a repostar. El accidente de Piquet fue clave. Habría sido difícil incluso puntuar con una táctica a dos paradas, pero se estaba dejando la vida en cada curva de un circuito para manos con talento, como las suyas. Tras el Safety, no todo fue coser y cantar. Había que tener ritmo de carrera para mantener la distancia de cara al último repostaje. También podían haber ganado Trulli o Fisichella, que estaban por delante de él cuando se fue el Safety, pero Fisi con el Force India no era rival, y Trulli, con el Toyota, sufrió una especie de lipotimia a pocas vueltas del final y tuvo que bajarse del coche agotado por el esfuerzo físico de un circuito exigente en unas condiciones de humedad y temperatura salvajes. Pero Fernando rodó en 1:45 y 1:46 de manera asidua y logró su objetivo de manera implacable. “como en los viejos tiempos”, otra frase que salió a relucir por boca del campeón en la rueda de prensa.
En fin, que me pierdo: cuando escribo de F1 parece que le doy a la tecla como si estuviera en plena vuelta rápida. Casi echo de menos las crónicas de 25 párrafos que me marcaba después de cada GP en el pasado reciente. Y es que con gestas así da gusto escribir. De nuevo el “Bravo Fernando”, de Briatore, por la radio. De nuevo la bandera española y el himno. De nuevo la celebración especial de Alonso, esta vez, subido en su R28, se dio tres golpes en el pecho con la mano abierta y extendió los brazos. ‘Aquí estoy yo’, he vuelto, no se me ha olvidado ganar, puedo hacerlo siempre que tenga un buen coche… tantos mensajes en sólo tres palmadas en el pecho.
Poco más queda por añadir. Restan tres grandes premios y una decisión. La margarita cada vez tiene menos hojas, parece que Honda, BMW y Renault resisten aún, pero el pétalo mustio de Ferrari seguro que se arrepiente muy mucho de haberse desprendido con tanta arrogancia. Peor para ellos.